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Historia de un Encuentro

Para identificarme el Hombre me llamó Atomo. Hemos caminado siempre juntos desde el principio de los tiempos, pero no nos conocíamos. Cuando ambos estábamos preparados, el hombre con su mente abierta y siempre dispuesto a dar más que a recibir y yo decidido a enseñarle mi pequeño y maravilloso mundo, nos encontramos después de muchos intentos.

Estos son fragmentos de nuestras conversaciones... y de nuestra historia.

Un domingo por la tarde del año 420 a.C., sentados en un banco, dos amigos dialogaban.

Atomo: ¿Qué te pasa Demócrito? Este resultado ya lo esperábamos. A la gente de Abdera sólo le interesa la guerra, la política, los deportes o el comercio.

Demócrito: El problema es mío. No se transmitir, con palabras sencillas, lo que descubro cuando busco a Dios, por eso el hombre común no me entiende.

Atomo: No te entenderán. La gente hoy en día pasa su vida alimentando su cuerpo o llorando sus penas.

Demócrito: Lo que quiero mostrarles es que si yo puedo percibirte, cualquiera de ellos lo haría, sólo tiene...

Atomo: Sólo tiene que haber recorrido tu camino, o sea, nacer de nuevo. No te ilusiones amigo, al hombre común le falta mucho camino para llegar a tu altura.

Demócrito: No me daré por vencido. Encontraré un lenguaje simple al alcance de todas la mentes.

Atomo: Entonces está larguísimo tu camino. No es sólo el lenguaje, sino el hombre mismo. Recuerdas cómo se burlaban de tu maestro Leucipo cuando hablaba acerca de mi existencia.

Demócrito: Es verdad, pero yo considero que estoy aquí para mostrar a los hombres que también se puede llegar a Dios por otros caminos, y quizás este sea el más corto.

Atomo: Te metiste en terreno peligroso. El hombre de hoy es cómodo, no quiere pensar, peor reflexionar: él quiere que le digan en qué creer y cómo hacerlo. A veces pienso que la humanidad es igual a un niño aprendiendo a caminar.

Demócrito: Pensar, razonar, reflexionar son cosas que se aprenden. Hay que enseñar a los jóvenes de hoy...

Atomo: Estoy de acuerdo contigo pero, ¿qué dices cuando hablas de mí?.

Demócrito: Les digo que todo lo que existe: la tierra, el cielo, los océanos, la vegetación y todos los seres vivientes, están integrados por pequeñísimas partículas, agrupadas de modo compacto, como las abejas en una colmena.

Atomo: ¿y...?

Demócrito: Y nada.

Atomo: Y no te dijeron: ¿Cómo se come a ese átomo tuyo?. Se que te llaman loco y muchos se rien de Tí.

Demócrito: Todos ellos son gente buena, amable. Me quieren mucho. Con decirte que me consideran un sabio.

Atomo: A propósito por qué me pusiste el nombre de átomo.

Demócrito: Porque significa indivisible. Yo se que..

Atomo: ¿Indivisible? Te llevarías una gran sorpresa si pudieras vivir lo suficiente. ¿Y existe alguién que se interese por lo que dices?

Demócrito: Alguno que otro, pero yo sigo tratando de explicar y para que me entiendan mejor les digo que los átomos son de por sí inmutables, pero de hecho se mueven por el vacío, tanto que a este moverse, juntarse y separarse los unos de los otros, se debe a que las cosas nazcan, perezcan, se muden, aumenten o disminuyan.

Atomo: Eso está difícil de entender. Te lo dije una vez, pero te lo voy a repetir. El problema es que la mayoría de los hombres se pasan la vida tratando de resolver su problemática de subsistencia, ponen toda su capacidad mental en conseguir un pedazo de pan o en consolar su corazón. Piensa. ¿A este tipo de hombre, tú crees, que le interesa saber de qué esta hecho el mundo?

Demócrito: Yo te entiendo, tienes razón, pero todos los hombre sin excepción anhelan darle un sentido trascendente a su vida, yo diría encontrarse con lo eterno e inmutable. Este camino es el que quiero mostrar, quien lo recorra descubrirá la esencia de la naturaleza. Se encontrará con Dios.

Atomo: Comparto tu opinión. Estamos juntos en esto y seguiremos hasta el final...

Cierto día, algunos años más tarde... Aristóteles se encontraba abstraído observando la naturaleza...

Aristóteles: Toda la realidad penetra al hombre a través de sus sentidos. Lo que sentimos con nuestros sentidos es el mayor grado de realidad. ¿Los cambios que ocurren a mi alrededor, con qué los puedo percibir?. Con mis sentidos. Mis ojos ven que cada cosa esta constituida por un conjunto de materia y forma.

Atomo: "Ari". Si quieres podemos conversar un poco...

Aristóteles: La "Materia" es el material del que están hechas las cosas y la "Forma" son las cualidades específicas de la cosa. La naturaleza me muestra cambios permanentes y esos cambios ocurren porque la materia estácompuesta por cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra que se mezclan entre sí y se vuelven a separar.

Atomo: Te estás encerrando en tus ideas, así no podemos dialogar. Te diré que tienes razón en algunas cosas, pero los sentidos sólo te muestran una parte de la realidad.

Aristóteles: Veamos. ¿Qué es una flor? es una mezcla de estos cuatro elementos y cuando la flor muere estos elementos que la forman se separan, para luego volver a mezclarse. Estos cambios los observo con los ojos. Con qué sentido humano puedo reconocer la existencia de los átomos de los que hablaba Demócrito. ¿No es ésto el absurdo más grande de la historia?.

Atomo: Vas a echarlo todo a perder con ese razonamiento. Veamos, si uno de tus sentidos te fallara por alguna causa, serías capaz de decir que toda la realidad que no percibes por esa limitación ¿no existe? ¿Me estás escuchando? Aristóteles escúchame sólo un momento. Es difícil dialogar con un hombre totalmente centrado en sí mismo.

Aristóteles: Demócrito dice que los átomos tienen formas. Unos son lisos y redondos, otros son irregulares y torcidos y precisamente por tener esta forma diferente pueden usarse para componer diferentes cuerpos. ¿No es ésto una forma de engañar a la gente?. Estoy totalmente en desacuerdo. ¡Qué alguien me muestre un sólo átomo para poder creerlo!

Atomo: Has conseguido muchas cosas en la vida. Todos te aplauden y veneran. Has sido uno de los mejores discípulos de Platón, ex preceptor de Alejandro Magno, fundador del Liceo de Atenas y de la Escuela Peripatética, autor de 170 títulos, tus ideas no tienen opositor alguno. Desde hace tiempo atrás que te vengo hablando pero no me escuchas. Calla tu mente, tus intereses, deja de
sentirte el centro del universo y nos encontraremos.

Aristóteles: Cómo puede decir Demócrito que los átomos son eternos, inalterables e indivisibles, si la naturaleza me muestra que todo es cambio permanente.

Atomo: ¿Qué se puede hacer con un hombre como éste? Paciencia. Esperaré hasta que despierte, hasta que su corazón se llene de humildad.

Principios del siglo XX... un martes por la tarde.

Atomo: ¿Qué haces?

W. Heisenberg: Pienso en el hombre de hoy. El desarrollo de la ciencia en estos últimos años lo está obligando a cambiar su manera de pensar con relación a la vida, al universo y a sí mismo. Esta realidad lo obliga a revisar permanentemente su forma de pensar.

Atomo: ¿Tú crees? Tengo mis dudas al respecto.

W. Heisenberg: Pienso que la evolución de la sociedad en su conjunto es un proceso que se va plasmando en la medida en que el individuo asume la responsabilidad total de sus actos y deja de justificarse.

Atomo: Pero ésto es cierto sólo cuando la problemática de subsistencia no consume todo tu tiempo y la observación atenta de nuestro entorno nos lleva a descubrir verdades relacionadas a nosotros mismos, a los demás y a todo lo que nos rodea.

W. Heisenberg: Estoy de acuerdo contigo, la mayoría de los seres humanos está tan absorvido en su "mundo" tratando de satisfacer sus necesidades reales o ficticias que no se dan cuenta de lo que sucede en su medio inmediato, pero creo que éste es el momento ideal donde la Ciencia entra en la escena.

Atomo: ¿Cómo?

W. Heisenberg: La vida está en permanente devenir, es como una danza perpetua, vivir es danzar, el hombre que danza vive, el que observa la danza es un espectador, en realidad lo que observa éste espectador es cómo transcurre su vida.

Atomo: ¿Explícalo para que lo entendamos mejor?

W. Heisenberg: La danza es el permanente encuentro del hombre con "la verdad". Por ejemplo, en algunos físicos esta danza se expresa a través de la explicación que hacen del mundo. Recuerdo que Einstein decía que el hombre en su esfuerzo por comprender la realidad crea conceptos físicos, que muchas veces no están determinados en forma única por el mundo exterior.

Atomo: El modelo planetario del átomo es un buen ejemplo.

W. Heisenberg: El modelo planetario explicaba la estructura del átomo y lo asemejaba al sistema solar, ubicaba al núcleo, pesado y minúsculo, en el centro y a los electrones girando a su alrededor. Esta idea sirvió para explicar algunos fenómenos del mundo subatómico, pero actualmente existe otra idea que explica mejor estos fenómenos y que involucra al ser humano.

Atomo: Un momento, solicitamos aclaración de este punto.

W. Heisenberg: Pero si tú entiendes de éstas cosas, vas a hacer que pierda la paciencia.

Atomo: Es que me pongo en la posición del lector de ésta revista... No todos tenemos tu mente. Queremos conceptos fáciles de entender, muchos ejemplos que nos aclaren el panaroma. ¿Entiendes?

W. Heisenberg: De acuerdo, pero también se requiere de un esfuerzo mental para comprender, no puedes pedir que todo sea fácil y llevadero.

Atomo: Estoy de acuerdo contigo, pero por ejemplo...

W. Heisenberg: La física de Newton dice: "Si éstas y éstas son las circunstancias ahora, esto y esto otro va a suceder en un instante próximo...". La física cuántica dice: "Si éstas y éstas son las circunstancias ahora, entonces la probabilidad de que tal y tal cosa vaya a suceder es..."

Atomo: Explicado con otras palabras...

W. Heisenberg: La física newtoniana se basa en la idea de que hay leyes que gobiernan determinados fenómenos y tienen el poder inherente que da su comprensión, pero conduce a la impotencia frente a la Gran Máquina que es el Universo. La mecánica cuántica se basa en la idea del conocimiento mínimo de los fenómenos futuros (estamos limitados al conocimiento de las probabilidades) pero conduce a la posibilidad de que nuestra realidad sea la que nosotros decidamos crearnos.

Atomo: ¿Por qué te gusta complicarlo todo?

W. Heisenberg: Pero, si lo que más anhelo es que el hombre común tenga acceso a estas ideas..., las medite, reflexione y las incorpore a su vida.

Atomo: Era una broma... Me doy cuenta de tus esfuerzos... y ¿cómo podría incorporar estas verdades un hombre cuya vida cotidiana no tiene grandes cambios?.

W. Heisenberg: Pienso que tomando conciencia de que existe una relación entre él, el macrocosmos y el microcosmos y de que se influyen mutuamente. Por ejemplo, está comprobado que mis estados anímicos influyen en mi ambiente de trabajo, es decir, en las personas, en las plantas, en las cosas con las que me relaciono diariamente; si yo como sujeto cambio mis estados anímicos, de tristeza en alegría o de resignación en aceptación, voy a generar un cambio a mi alrededor, en otras palabras voy a cambiar mi realidad.

Atomo: A esto te referías con la danza y el bailarín, ser actor y no un expectador de su propia vida.

W. Heisenberg: Sí, yo diría asumir la responsabilidad de las consecuencias de cada paso que doy en la vida, para vivir en armonía con todo lo que me rodea...

Un sábado por la tarde de 1999...

Atomo: Nuestros encuentros esporádicos seguirán su curso en el tiempo. El beneficio de éstos encuentros es mutuo, he aprendido a esperar pacientemente el crecimiento del ser humano para manifestarme y he valorado su esfuezo y tenacidad mostrándole mis secretos. Espero que este diálogo nunca se interrumpa.

 

Biografías:

DEMOCRITO: (460-370 a.C.) Filósofo griego. Discípulo de Leucipo, se le considera junto a éste fundador de la teoría atomista.

ARISTOTELES: (384-322 a.C.) Filósofo griego. Discípulo de Platón, fundó su propia escuela en Atenas y fue preceptor de Alejandro Magno. Se interesó por muchas ciencias y artes.

HEISENBERG, WERNER: (1901-1976) Físico alemán. Autor de un modelo estructural del núcleo atómico, actualmente admitido. Aplicó la mecánica cuántica al estudio del átomo y formuló el Principo de Indeterminación.

Bibliografía:

Zukav, Gary (1981) ¨La Danza de los Maestros", Editorial Vergara - Barcelona, España.

De Obregon, Enrique (1973) "La Conquista del átomo", Editorial Nuevo Auriga-Barcelona, España.

Gaarder, Jostein (1997) "El Mundo de Sofía", Editorial Patria/Siruela, México.

 

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