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Darse Cuenta No. 19

Con la caída del muro al término de la guerra fría, fue evidente para la humanidad que los sistemas totalitarios de planificación centralizada no pueden resolver los problemas sociales, ya que por abordar las cuestiones del conjunto, se menospreció al individuo y esto a la larga significó el colapso del sistema.

La conclusión inmediata que sacamos en el mundo occidental es que: si el colectivismo fracasó, el individualismo debe ser la salida. Comienza entonces la arremetida de conceptos derivados del júbilo de los teóricos del liberalismo que repiten sus principios, en una letanía sin fin, hasta que comenzamos a repetirlos de memoria, como los nuevos mandamientos capitalistas, sin pensar, sin cuestionar.

La libertad es económica, el mercado es el asignador de posibilidades, el estado como regulador y planificador no es eficiente y no debe meterse, no hay que interferir con el libre juego de la oferta y la demanda, porque la libre competencia es el supremo bien, así como la competencia desleal es el supremo mal..., y otras por el estilo.

A poco de andar, estos conceptos aplicados casi sin ninguna resistencia e inmisericordemente, comenzaron a mostrar su verdadero rostro en resultados concretos y evidentes, mientras que, ya saciado en su voraz apetito de lucro y acaparamiento, beneficiará a todos.

La realidad de su naturaleza (posesión) se plasma inexorablemente en la sociedad como: concentración de capital en pocas manos, con su otra cara, desocupación creciente y el subempleo; competencia, excelencia y eficiencia con su otra cara, explotación inmisericorde de la fuerza laboral; frenesí de consumismo excesivo, con su otra cara pérdida de valores inmateriales, además de otros resultados, como: corrupción (robo) en las altas esferas administrativas y aumento de delincuencia en las bajas, mendicidad, drogadicción y... el final, abandono de los niños como último eslabón de la frustración social y del deterioro de la calidad de vida, en ciudades amuralladas, llenas de guardias privadas y pandillas... todos armados.

Esta crisis la podemos ver como el final de un mundo que termina, y también como el nacimiento de otro. Es un proceso que nos exige imaginación y el coraje de osar cambiar, de atreverse a encontrar nuevas y mejores propuestas, integrales, humanas, compasivas, no teóricas sino ancladas en la vivencia y experimentación concretas, en la participación y solidaridad con todos, universales, integradoras.

En esta búsqueda de nuevos paradigmas que ya se vislumbran, pero que aún no terminan de nacer, lo primero que notamos es una revolución que ocurre en el interior del ser humano, en su alma, y desde allí se proyecta hacia fuera, hacia la sociedad y el mundo; contrario a los anteriores cambios que se producían afuera y que no llegaban al interior del alma humana y por lo mismo, necesariamente fracasaban, quedaban en la utopía...

Intentaremos citar algunos paradigmas en proceso de extinción, y otros que, abriéndose paso penosamente a través de nuestras estructuras mentales, nuestros miedos e inseguridades, asoman cautelosos y brillantes con la aurora de un nuevo día.

Paradigmas que terminan:

  • Paternalismo : la actitud de no responsabilizarse por los resultados de sus acciones, y buscar siempre quién es el culpable o quién va a solucionar los problemas. El resentimiento es su estado de ánimo típico.
  • Machismo : actitud de menosprecio y discriminación hacia la mujer, y como extensión a todas las minorías, a lo diferente, a lo que no se comprende. La soberbia es su estandarte.
  • Autoritarismo : ausencia de diálogo. Oídos abiertos solamente a los propios argumentos. Microvisión de la vida, con su estado de ánimo típico: tozudez.
  • Colectivismo : actitud de asentar la noción de ser en el sentido de pertenencia a grupos, con el abandono del comando del pensamiento: de lo lógico personal por lo dogmático grupal; con sus señas típicas: fanatismo, mesianismo, intolerancia, inquisición.

Paradigmas que nacen:

  • Espiritualidad: búsqueda personal e íntima de Dios en la experiencia místico-religiosa. Experimentación propia de las Verdades Reveladas. Actitud anímica: introspección.
  • Libertad: apreciación clara de que la libertad es condición para la vida, que no hay libertad sin responsabilidad, y que ella se expresa en compromiso, participación y creatividad. Actitud anímica: humildad y respeto.
  • Ecologismo: búsqueda de compatibilizar la conducta individual y colectiva con el medio ambiente. Actitud anímica: conducta responsable.
  • Holística: visión de totalidad, percepción de las interconexiones, referencia a los contextos inferiores y superiores de todas las cosas. Actitud anímica: reflexión comprometida.
  • Estudio: conciencia de la necesidad de capacitación constante para acompañar el ritmo acelerado de los descubrimientos humanos, y responder con eficiencia a las demandas de la vida. Actitud anímica: sacrificio.
  • Salud: conciencia del cuidado del cuerpo y de la salud para tener una mejor calidad de vida. El cuerpo no es mi enemigo. Actitud anímica: prevención y bienestar.
  • Diálogo: concepción de que la búsqueda de lo verdadero es inclusiva y no exclusiva. Actitud anímica: comprensión, amplitud, búsqueda de concertación.

Estos paradigmas (y otros que se encuentran en el campo de la tecnología, como las comunicaciones), envuelven no sólo a las personas sino también a todas las instituciones humanas: las religiosas, políticas y sociales. Ya no se puede hablar de que hay instituciones que son del pasado y otras de futuro, sino que dentro de cada una de ellas se plantea una lucha entre los paradigmas del pasado y los paradigmas del futuro.

Es una revolución que ocurre "dentro" y no de unos contra otros.

Cada uno, persona o institución, tiene su compromiso con el futuro.

Entonces la pregunta que cabe es:

En usted mismo y en la institución a la que pertenece, ¿ de qué lado se coloca, en los paradigmas que nacen o en los que mueren?. ¿Es usted, una herramienta de construcción o un obstáculo a vencer?

 

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