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Universalidad

Este artículo ha sido publicado en la revista Vuelos editada por la Fundación Cafh en marzo de 1997.

Un punto de vista universal no es sólo el resultado del trabajo de grupos especializados, depende en gran medida del esfuerzo individual.

Cada avance en el conocimiento requiere que volvamos a evaluar nuestra interpretación del  mundo y de la vida. El conocimiento humano está en constante evolución. Cada día sabemos más; continuamente se realizan descubrimientos que abren nuevas fronteras del saber. La historia de la humanidad no sólo revela la cronología de los acontecimientos humanos, sino también el proceso de la evolución del conocimiento.

Esta evolución a veces parece que no crea conflictos; pero con frecuencia los genera y da lugar a verdaderas revoluciones. Cada paso hacia adelante requiere un cambio, puesto que cada descubrimiento altera la visión de lo que creemos conocer.

Algunos descubrimientos producen una reestructuración de la sociedad. La invención de la imprenta y, mucho después, del teléfono, la televisión y las computadoras, precipitaron enormes cambios, cuyos efectos aún experimentamos. El libre acceso a la información y la comunicación directa e instantánea hacen el mundo más pequeño y nos obliga a reubicarnos en la realidad. La comprobación de que la tierra no es plana ni el centro del universo, la exploración directa del espacio, el acceso al mundo de lo infinitesimal, nos obliga a reconsiderar nuestro lugar en el cosmos. Cada vez que cambiamos el modo en que comprendemos la realidad por otro más amplio, también debemos cambiar el modo en que comprendemos lo cotidiano, incluso el modo en que nos comprendemos a nosotros mismos. La imagen que ahora tenemos de nosotros mismos y del mundo es bastante diferente de la teníamos en la Edad Media.

A pesar de que aceptamos la idea de que el cambio es indispensable para el progreso, nos resulta muy difícil — por no decir casi imposible — reconocer que el proceso de cambio permanente es una ley universal y que es, por lo tanto, igualmente aplicable a todas las áreas de nuestra vida, incluyendo nuestras opiniones y nuestra manera de pensar. A partir del momento en que nacemos, comenzamos a formarnos una idea de la realidad. De a poco vamos desarrollando nuestras opiniones y nuestra visión del mundo y de la vida. Mientras estamos involucrados en este proceso tenemos ansia de aprender: preguntamos, investigamos y estudiamos. Absorbemos el conocimiento y cada nueva porción de información nos enriquece y nos ayuda a expandir nuestra comprensión. Cuando llegamos al punto en que nos sentimos bastante seguros de lo que sabemos, nos volvemos menos abiertos y comenzamos a perder la capacidad de cambiar nuestras interpretaciones. Nos inclinamos más a defender nuestras posturas que a ampliarlas.  Le damos más importancia a demostrar que tenemos razón que a buscar una verdad que pueda mostrarnos que no estamos en lo cierto.

Esta disposición a imponer nuestro propio punto de vista da origen a conflictos personales, pero no se detiene allí. La historia nos muestra las diferentes visiones del mundo y de la vida que se han dado en el tiempo y cómo con frecuencia un grupo particular de personas trataba de imponer su interpretación a otros grupos, a pesar de que estas luchas generalmente se llevaban a cabo entre visiones cuya idea de realidad tenía los mismos límites. Por ejemplo, dos grupos podían llegar a la guerra defendiendo sus puntos de vista y, al mismo tiempo, los dos grupos tenían la misma visión de la humanidad como habitantes de un mundo restringido dentro de las fronteras marcadas por su desconocimiento del planeta que los sostenía. Hasta ayer luchábamos unos contra otros defendiendo opiniones también restringidas por nuestra idea limitada de nuestro lugar en el cosmos.

Hoy, la situación ha cambiado porque el lapso de validez de un punto de vista particular es mucho más breve. Cada día trae nuevos avances en todos los campos del conocimiento. Se torna necesario ajustar nuestra visión a condiciones que evolucionan a paso acelerado. Las diferentes concepciones de la realidad sostenidas por dos o tres generaciones sucesivas pueden observarse en un mismo momento histórico, y somos así contemporáneos de varias de estas visiones. Hoy la generación más joven está formando su propio modo de comprender las cosas, puesto que cuenta con fuentes de información más ricas que las que tuvieron generaciones anteriores en el momento en que se cristalizaron sus interpretaciones. Por lo tanto, hay dos tipos de confrontación: una entre grupos de la misma generación con opiniones diferentes, y otra entre generaciones que asignan límites diferentes a sus realidades.

¿Qué significa esto para nosotros al día de hoy? Aunque sabemos que nuestro modo de ver las cosas no es perfecto ni definitivo, muchos sentimos que "tenemos razón", que nuestra visión es la más sensata, la más justa, la mejor. Puede ser cierto que toleramos opiniones diferentes y que, idealmente, otorgamos a todos el derecho de pensar y sentir como prefieran; pero en el fondo sentimos la necesidad de justificar nuestro punto de vista considerándolo cierto y, por lo tanto, el mejor para todos. En esta actitud, que a primera vista parece inocente, posiblemente se encuentre la raíz de las tragedias de la humanidad.

Ya es tiempo de que aprendamos la gran lección de la historia. A pesar de la tremenda determinación con la que cada grupo humano ha luchado durante siglos para imponer su visión de la vida, ninguno ha alcanzado ese objetivo.  Ninguna visión del mundo, ninguna doctrina, ha sido compartida y aceptada por todos los seres humanos.

Desde luego, esto no significa que un punto de vista en particular sea dañino o inferior a otro. Por el contrario, cada uno tiene la posibilidad de ser el mejor, dentro de sus límites. Por ejemplo, tal vez mi comprensión de mi enfermedad sea incompleta. Sin embargo, me puede ser muy útil si me ayuda a curarme. Más aún, si yo acepto que mi comprensión de mi enfermedad es incompleta, estoy siempre alerta respecto de los nuevos descubrimientos que podrán ayudarme en el futuro. Al permanecer consciente de los límites de mi conocimiento, tengo la oportunidad de ampliarlo continuamente. No me encierro en mi modo de comprender. Deseo aprender y mejorar lo que creo saber.  Por eso, aunque en todos los campos de estudio existen diferentes escuelas, en la medida en que cada una reconozca las limitaciones de su punto de vista, cada avance de una escuela en particular será beneficioso para las demás, ya que todas estarán preparadas para aprovecharlo. De este modo, el trabajo de todos será útil para generar una visión más universal del mundo y de la vida.

No obstante, un punto de vista universal no es sólo el resultado del trabajo de grupos especializados; depende en gran medida del esfuerzo individual. Si la universalidad no tiene lugar por lo menos en uno de nosotros no tiene lugar en ningún lado.

Cuando se nos muestra un punto de vista más universal, lo tratamos del mismo modo que a cualquier información que recibimos: lo entendemos de acuerdo con nuestra interpretación de las cosas. Por ejemplo, si aprendemos que el espacio más allá de la atmósfera es habitable, según sea la amplitud de nuestro punto de vista podemos considerar ese espacio como interesante para pasar unos días de vacaciones, o podemos ver la oportunidad de desarrollar una relación más armónica con el universo.

No es fácil ampliar nuestro punto de vista. Sin embargo, si lográramos cambiar nuestra actitud de creer "estar en lo cierto" por la de creer "que puedo aprender", se despejaría nuestro camino hacia la universalidad. Si nos diéramos cuenta de lo limitada que es nuestra visión podríamos aplicar la lección que nos enseña la historia y acentuar más la necesidad de examinar y ampliar nuestra visión de la realidad en lugar de luchar para imponer nuestras opiniones.  Desde esta perspectiva, estamos todos en la misma situación: todos necesitamos ampliar nuestro punto de vista.  Ésta es una tarea que cada persona realiza en su propio interior. No la puede realizar otro por ella, ni uno la puede hacer por la fuerza. Es una victoria que cada persona puede lograr en su propio corazón. Tal vez éste sea el camino más corto hacia un mundo más pacifico y armonioso.

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